
Esto es algo que muchos han dicho a lo largo de la existencia del ser humano y es que el amor es un caso curioso, y si que lo es. Pasan cosas curiosas por travesuras del amor, ¡¿cómo?!, ¡¿travesuras?!, pero ¡¿por qué travesuras?!, pues podemos ponerlo de esta manera, el amor se comporta como un niño, un niño que no puede ver algo bonito porque ya quiere saber que es, que sabor tiene, si es bueno o malo, si es suave o duro. Para no aburrirlos un niño al ver ese objeto lo investiga, lo analiza, recopila toda la información que pueda sobre el, y ese conocimiento lo retienen para que en un futuro no lejano puedan utilizarlo.
El amor hace exactamente lo mismo, cuando te encuentra te investiga hasta lo ultimo, te analiza en cuerpo y alma, ya con toda esa información, la almacena esperando el momento justo para utilizarla y llenar tu mundo de cosas maravillosas que nunca en la vida pensaste que pasarían, pero que a su vez, trae momentos que te harán pensar y dudar, que te harán llorar de tristeza, amargura o decepción.
Como todo niño según va creciendo, va madurando; pues así es el amor, mientras crece va madurando en muchos aspectos, a tal manera que se disfruta más de lo que se puede llegar sufrir.
Con el amor no se juega, la verdad es el amor el que juega y uno es una pieza importante de ese juego, y no nos damos cuenta de ello. Pero no hay gran aventura, después de la vida claro, como el encontrar al amor y formar parte de su inocente juego.
Solo puedo terminar diciendo que nunca hay que tenerle miedo al amor, hay que temer al hecho de que nunca llegue a jugar en nuestra vida.
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